[Intro]
En la pared del callejón,
rojo sobre gris carbón:
“Vecinos, no fantasmas”.
Debajo: jueves, reunión.

[Verse 1]
La puerta del taller conserva la grasa,
adentro hay veinte sillas de cada casa.
Una enfermera, un músico, un jubilado,
dos madres con niños, un bar desalojado.
Sobre una mesa descansan contratos,
cartas certificadas, recibos, retratos.
Cada cual trae un nombre y una amenaza,
cada papel dice: “Abandone la casa”.

[Pre-Chorus]
Yo vine creyendo que estaba perdida,
pero había veinte versiones de mi vida.
Una voz preguntó: “¿Quién piensa quedarse?”.
Mi mano subió antes de contestarme.

[Chorus]
¡Vecinos, no fantasmas!
¡Con nombre y con casa!
Si borran un timbre, pintamos la plaza.
¡Vecinos, no fantasmas!
¡Ni cifra ni tasa!
El barrio respira si el barrio se abraza.

[Verse 2]
Tomás perdió el piso después de cuarenta,
a Nuria le exigen el doble de renta.
Malik cierra el bar por licencia imposible,
a Inés le prometen un ático divisible.
Una chica reparte pintura y cartón,
un viejo nos presta su amplificador.
No somos idénticos, sobra discusión,
pero todos conocemos la misma expulsión.

[Pre-Chorus]
Probamos consignas, medimos el son,
que quepan completas dentro del pulmón.
No basta la pena guardada en la garganta;
cuando se comparte, la pena se levanta.

[Chorus]
¡Vecinos, no fantasmas!
¡Con nombre y con casa!
Si borran un timbre, pintamos la plaza.
¡Vecinos, no fantasmas!
¡Ni cifra ni tasa!
El barrio respira si el barrio se abraza.

[Drum Break]
[Caja, cajón y taconeos se contestan en frases de cuatro compases antes de que vuelva la multitud.]

[Bridge]
No quiero una guerra contra quien viene a ver,
quiero una ciudad donde podamos volver.
No culpo a la maleta que cruza el portal,
culpo a quien convierte la cama en capital.
La rabia sin rumbo golpea al de al lado;
la rabia con nombres señala al mercado.

[Call]
¿Quién vive aquí?
¡Nosotras!
¿Quién cuida aquí?
¡Nosotros!

[Response]
¿Quién pierde aquí?
¡El barrio!
¿Quién vuelve a hablar?
¡El barrio!

[Final Chorus]
¡Vecinos, no fantasmas!
¡Con nombre y con casa!
Si borran un timbre, ocupamos la plaza.
¡Vecinos, no fantasmas!
¡Ni saldo ni tasa!
Que tiemble el despacho que firma y desplaza.

[Choir]
La llave en mi puño ya no es una falta:
es hierro pequeño para una voz alta.
¡Vecinos, no fantasmas!
¡Aquí nadie sobra!

[Outro]
Rojo sobre ocre, la frase se ensancha.
Una niña termina la última palabra.
Miro aquella llave que ya no da entrada;
por primera vez parece una herramienta.
